para-web

CARTEL-LEER-EN-FAMILIA-png

EL RINCÓN DE LA SEÑO NAZARET

DÍA DEL MAESTRO

FELIZ-DA-MAESTROS

El Blog de 4 años

EL BLOG DE MÚSICA

 2012-09-17-13.45.48      

  SOLFEANDO

Buscar en la web

PÁGINA EDUCATIVA

da-vinci

         DA VINCI

 

EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Acceso

Nunca puede resolverse un problema en el mismo nivel deconocimiento en el que ha sido creado. Albert Einstein

Periódico ABC

Última Hora
  1. Eduardo Lourenço nació el 23 de mayo de 1923, es decir, hace 94 años, en São Pedro de Rio Seco, concejo de Almeida, distrito de Guarda, no lejos de la frontera con Salamanca. El jurado del premio Pessoa (antes había recibido la otra gran medalla de la lusofonía, el Camoes) justificó así su elección: «En un momento crítico de la historia y de la sociedad portuguesa, se vuelve imperioso y urgente prestar reconocimiento al ejemplo de una personalidad intelectual, cultural, ética y cívica que marcó el siglo XX portugués». Para Pedro Rosa Mendes, uno de los más brillantes periodistas portugueses, Lourenço es: «el mejor de todos nosotros». En su justificación, el jurado del Pessoa también se refirió a la «generosidad y modestia» de quien ha volcado tanta energía y lucidez en leer Europa y las letras portugueses. Lector y profesor durante 60 años en Saint-Paul-de-Vence, en plena Costa Azul francesa, a la personalidad paradójica de Fernando Pessoa quien, como Walt Whitman, contenía multitudes, entregó su vida. El escritor Guilherme d’Oliveira Martins, en un artículo en el que le calificaba de «interrogador de laberintos», decía que quien se sentiría más feliz de que le concedieran el Pessoa a Lourenço sería uno de sus más celebrados heterónimos, Alberto Caeiro, el autor de El guardador de rebaños. Aunque le empiezan a pesar los hombros, se mantiene erguido como un raro junco oriental, con buen apetito, dispuesto a tomarse un helado de vainilla o un chocolate con leche a las cinco de la tarde. Lourenço es la amabilidad personificada, un heterodoxo con el que caminar hacia el horizonte para encontrarse en el restaurante Martinho da Arcada, en la Baixa lisboeta, con las figuras que ha leído y le han leído: «Lo único que yo soy y he sido toda mi vida es un lector. Pero leído por aquello que leyó». Cree, con elegante pesadumbre que estamos experimentando es el crepúsculo de las Luces como mito: «Y eso además a una escala planetaria que desborda nuestra gran tradición, que viene de Grecia». Haciéndonos eco de la introducción al primer volumen de sus Obras completas, magna tarea que está acometiendo la Fundaçao Gulbenkian, podemos decir con su prologuista, João Tiago Pedroso de Lima: «¿Cómo resistirse a la tentación de adjetivar su figura, su trayectoria, su obra como heterodoxas?». Para Eduardo Lourenço «heterodoxo» y «libre» son sinónimos. Hablamos en el despacho que mantiene en la Fundación Calouste Gulbenkian, una mañana cálida de abril lisboeta. Mira a su interlocutor con ojos curiosos y amenos, de una dulzura hecha de escuchar e indagar, que al evocar a Annie, su esposa muerta hace tres años tras sesenta de matrimonio, se aguan, mientras con dos dedos de su mano izquierda acaricia sin cesar uno de los muchos recortes de periódico que pueblan el laberinto de su escritorio, como si allí estuviera la respuesta a las preguntas que nunca ha dejado de hacerse. La influencia oriental que él lee en Pessoa está en realidad en el propio Lourenço, en su forma sutil de estar en el mundo. Un Lourenço que no ha perdido pizca de humor, que se ríe de sí mismo con la frescura de un niño extremadamente inteligente, y de quien en septiembre podremos saber más gracias al filme O labirinto da saudade. Dirigido por Miguel Gonçalves Mendes, fue rodado en un hotel de Buçaco, en el centro del país, y además del propio pensador interpretan papeles diversos algunos de sus mejores amigos, una cala en la cultura lusa contemporánea: el arquitecto Álvaro Siza Vieira, los escritores Gonçalo M. Tavares y Lídia Jorge, o los periodistas José Carlos de Vasconcelos (director del Jornal de Letras, Artes e Ideias) y Pilar del Río (presidenta de la Fundación José Saramago). ¿Qué recuerda de su infancia? Recuerdo que fue un periodo más allá de la inocencia habitual y de las necesidades. Un sitio en el yo no tenía todavía cierto tipo de complejos ni una especie de culpabilidad mórbida. En esa tierra de frontera viví como si estuviera en un pequeño paraíso. Mi mujer, que era francesa, decía que yo mitificaba mucho mi aldea. Pero todos nosotros mitificamos la aldea en que nacimos, aunque sea una capital. Mi aldea queda a la misma altitud que Madrid, 700 metros más o menos, fría en invierno, y caliente en el verano. Era una tierra, en aquel tiempo, muy distante de la capital. El país en el que estamos ahora es un país que tiene muy poco que ver con aquel. En ese país están todas mis raíces, todos mis pasados. Prácticamente todos mis hermanos nacieron en esa aldea. ¿Es cierto que con el paso del tiempo uno recuerda más los sucesos remotos que los más cercanos? Sin duda. Se está en una especie de pasado eterno. La mayoría de las personas que fueron importantes para nosotros ya no están aquí, de manera que, y voy a decir algo que es evidente, los muertos son más numerosos que los vivos. Pero sobre todo los muertos que fueron para nosotros el centro de nuestro corazón. Es un lugar al que hace tiempo dejé de ir, porque yo viví en el sur de Francia durante sesenta años. Fui al extranjero, para Alemania primero, en 1953, donde me quedé dos años. Después me casé con una francesa... Annie. Annie, que era hispanista, hija de un gran hispanista, Noël Salomon, autor de un estudio sobre la figura del campesino en la obra de Lope de Vega. Uno de esos trabajos monumentales. Dedicó quince años a esa tesis, y justo cuando la completó murió. Era también un gran especialista, como mi mujer, en América Latina, sobre todo en México. Más que hispanistas eran americanistas. ¿Qué parte de la memoria es ciencia y cuánto imaginación? «Todo es memoria. A cierta altura, solo es memoria»Ciencia será poca. Todo es memoria. A cierta altura, solo es memoria. Imaginación nunca tuve mucha. Mi pasión, desde que era muy joven, fue la historia. No porque yo tuviese la menor vocación de convertirme en historiador en el futuro, sino porque mi padre, que era militar, tenía una maleta con libros, y entre ellos una Historia Universal de Europa, y esa incluía fragmentos de la Ilíada, de la Odisea, y hasta de Miguel Strogoff, y sobre todo de historias relacionadas con el imperio romano. A mí padre le debía gustar mucho la historia romana. Recuerdo que bautizaron a un ahijado suyo como Pompeyo. Pero a mí no me bautizaron con esos nombres pomposos. ¿Solo Eduardo? Solo Eduardo, y basta. Algunos científicos dicen que cuando uno vuelve a la memoria modifica el recuerdo. Es como si abriera una maleta, un cajón, extrajera el recuerdo, y cuando vuelve a cerrar la maleta, o el cajón, la memoria quedó modificada. Sin duda. Estamos siempre reconstruyendo nuestro propio presente. Por más inevitable que sea, nosotros somo siempre presente, aunque ese presente contenga siempre las tres dimensiones que San Agustín evocó: siempre pasado, siempre presente y ya futuro. Hay una frase que yo adoro, de un gran poeta, y que algunos sitúan al lado de Pessoa, que es Teixeira de Pascoaes: «El futuro es la aurora del pasado». Esto fue algo que yo escuché cuando estaba en Alemania, en la traducción de un libro de él, Verbo escuro, y que comenzaba con esa frase. Yo me quedé perplejo, porque no entendía muy bien qué es lo que quería decir. Pero poco a poco fui entendido esa visión. Porque de hecho la revelación se produce siempre en el futuro. Algo de lo que uno no se dio cuenta cuando lo vivía, o lo percibió de manera errónea, se esclarece de forma luminosa a medida que avanza hacia ese futuro, cuando parecía que sería algo inalcanzable. ¿Cómo eran sus padres y cómo le influyeron a la hora de sembrar la pasión por la lectura de los libros y la lectura del mundo? Mi madre solo recibió educación primaria, que era lo común en aquella época en las aldeas portuguesas. La familia de mi padre se trasladó a Lisboa, donde mi abuelo tenía un comercio, una zapatería, y dejaron a mi padre, siete años, en São Pedro de Rio Seco. A los 12 años le llevaron a la capital, al encuentro de sus padres, muy distantes, y él, que había asistido a algunas clases de comercio en Oporto, acabó por alistarse en el ejército, con la idea de escapar. Porque él en realidad quería ser médico. Se sentía muy frustrado por lo que había sido su propia educación. Se convirtió en oficial, y murió siendo capitán. Tuvo cierta influencia en mí, pero a distancia, porque él estuvo muy poco tiempo con nosotros. En 1974, cuando ya era padre de cuatro hijos, se ofreció para ir a África, donde estuvo seis años cuando más lo necesitábamos. ¿En Angola o en Mozambique? Él estuvo en el norte de Mozambique. Nos transmitió una idea muy positiva de la relación con África. Pero pienso que debió ser una experiencia para él muy dura permanecer tanto tiempo, seis años, alejado de la familia, de los hijos. Fue la suya una vida muy sacrificada. Él no tenía inquietudes propiamente literarias, pero sí culturales. No es que tuviera muchos libros, pero sí algunos en una maleta. No era la de Pessoa, pero era mi maleta. Había sobre todo novelas de Júlio Dinis, un escritor del siglo XIX, y el autor de la primera novela verdaderamente romántica de la literatura portuguesa. Es considerado un autor menor, pero sabía inglés y estaba muy influenciado por la literatura inglesa. Desde luego no era Eça de Queirós. Nadie lo es. ¿Se puede establecer alguna simbología, aunque solo sea semántica, entre el arca de Pessoa y el arca de Lourenço? Desde luego, ambas parecen pozos sin fondo, de las que no dejan de salir papeles, papeles, papeles... La diferencia es infinita. Porque el arca de Pessoa está llena de personas. En un momento dado, hace mucho tiempo, yo pude acceder a la famosa arca. Y sufrí una de las grandes tentaciones de mi vida. Porque la familia de Pessoa, la hermana, vivía en una avenida cercana al Marqués de Pombal. Y enseñaban la famosa maleta de Pessoa, y la maleta, el arca, quedó intacta. Yo mismo metí la mano en aquella maleta y saqué un cuadernito lleno de anotaciones, y era un cuaderno de Álvaro de Campos. Y me dio miedo de que un documento así acabara en América, lejos de Portugal. Y durante unos segundos dudé en apropiarme de ese cuaderno. La hermana no tenía verdaderamente conciencia del valor de lo que allí había. La sobrina, sí. Con el paso del tiempo sí se dieron cuenta de lo que representaba Fernando Pessoa, el mítico. Pero era una familia muy simpática, y el acceso a aquella casa muy fácil. La sobrina era una muchacha muy bonita, y hasta sentí que no la hubiera conocido el poeta. Quizás hubiera sido un personaje menos misógino. En un perfil de nuestro querido Jornal de Letras, Artes e Ideias lo retrataban como a un filósofo que tiene la pasión de la prensa, que recorta metódicamente. ¿Lo sigue haciendo? ¿Qué le alumbran los periódicos? «Siempre fui un gran lector de periódicos. Soy una especie de papiro»Los periódicos, por repetir la famosa frase de Hegel, son la oración matinal del hombre moderno. Una oración un tanto dudosa, porque de esa oración, de pasar las páginas, se quedan los dedos manchados de tinta. Siempre fui un gran lector de periódicos, pero lo cierto es que he pasado una buena parte de mi vida leyendo periódicos. Soy una especie de papiro. Cada uno tiene sus manías. Y cuando llegué a Francia leer Le Monde todos los días se convirtió en un vicio. Todavía hoy sigo comprando Le Monde, de vez en cuando El País, y cuando estuve en Italia me gustaba mucho leer La Repubblica. Me gusta leerlos porque tienen una faceta cultural muy fuerte, especialmente Le Monde. La Biblioteca Nacional de Portugal se convertirá en la destinataria final de su legado. ¿Es como ser encuadernado en vida, tener todos los papeles guardados y clasificados en la Biblioteca Nacional? Es algo muy extraño. Un poco pretencioso. Pero desde luego no se me ocurre un mejor lugar donde puedan estar preservados y accesibles para el futuro. Tuve la suerte de contar con un estudioso, un universitario que, después con la ayuda de otros jóvenes, lo clasificaron todo. Y aquello parece un cementerio vivo de papelada. Soy yo en papel. Es una cosa un poco perturbadora. Es una sala muy luminosa y cuando paso por allí no consigo imaginar quién fue el que escribió toda aquella papelada. ¿Está todo allí? Todo fue donado. Tengo la sensación de que soy solo una figura de papel. Se encerró y acabó. No sé muy bien qué es eso. ¿Aquí en la Gulbenkian ya no queda nada? Aquí no. La fundación no tiene espacios destinados a guardar legados. A mí me gustaría que la considerable biblioteca que atesoró el poeta Jorge de Sena, que vivió buena parte de su vida en América, en Estados Unidos, viniera para aquí, pero aquí no hay sitio. No está previsto. Habría que crear una nueva fundación para hacerse cargo del legado de los escritores. Adriano Faria dijo de usted que la suya era una «curiosidad por todo que le impulsa y le da energía». Si tuviera que hacer arqueo de su alma, de sus intereses, como un entomólogo de sí mismo, ¿cómo se clasificaría y cómo describiría la casa de sus pasiones? Eduardo Lourenço- Corina Arranz He sido sobre todo un lector desde que aprendí a leer. ¿A qué edad empezó a leer? A los siete años. Era un niño muy curioso, aunque yo ya mostraba alguna curiosidad antes de los siete años, y mi madre decía: parece que le gusta leer. Pero con mi padre, militar, siempre tan ocupado, no hubo oportunidad de ese intercambio. Lo único que yo soy y he sido toda mi vida es un lector. Es una bonita definición Pero leído por aquello que leyó. Si a Octavio Paz se le asocia invariablemente con El laberinto de la soledad como clave para intentar descifrar México, ¿le parece acertado (heterodoxias aparte, que luego entraremos en ellas) si asociáramos a Eduardo Lourenço con El laberinto de la saudade como la llave para intentar descifrar Portugal? «Lo que para España supuso la pérdida de Cuba nosotros lo afrontamos el 25 de abril»Es verdad que cuando escribí esas reflexiones y las había enviado ya a Lisboa, estaba sentado a la mesa con mi mujer y de repente me acordé –porque en el título original se hablaba también de«psicoanálisis mítica»– de aquel título, El laberinto de la soledad, del que tenía más o menos conciencia. Porque yo conocía no la lectura total, pero sí el título y algo más porque fue uno de los primeros libros con los que me encontré cuando llegué a Alemania. Pero cuando envié mi escrito no me acordé del libro de Paz. Fue un amigo mío de entonces, también poeta y ministro de Educación, quien lo vinculó al ensayo del escritor mexicano. Después yo mismo me di cuenta de que tenía algunas coincidencias, aunque no se trata de la misma cosa. Porque el libro de Paz es el de dos identidades, y de la lucha entre ellas, mientras que el mío era una cosa mucho más modesta. Fue a raíz del 25 de abril que empecé a participar en lo que estaba pasando aquí en Portugal, aunque el libro apareció en 1978. Sentí que una parte de nuestro pasado tenía que ser revisitado, porque nosotros acabábamos de perder un imperio. El 25 de abril es importante para nosotros en relación a nuestra identidad política, a nuestro estatuto como nación. Lo que para España supuso la pérdida de Cuba en 1898, nosotros lo afrontamos el 25 de abril con la pérdida de las últimas colonias. Y era justo que así fuera, porque realmente nosotros no nacimos para colonizar a otros eternamente. ¿Cuál es la mitología y la cartografía de la saudade? «La poesía lírica de Camões no es otar cosa que un himno a la pérdida de la patria y de sus amores» Es ella misma. Lo que no sé es cómo se constituye tan pronto esa expresión, cuyo origen es galaico-portugués, fundamentalmente galaico. La que mitifica primero una relación amorosa con un país del que sus poetas fueron alejados, alejados de Europa, y han hecho de la ausencia una forma superlativa de ser y de estar. Pero de ese hecho solo más tarde extraeremos las razones, sobre todo en Luís de Camões. Toda la poesía lírica de Camões no es otra cosa que un himno a la pérdida de la patria y a la pérdida de sus amores y pasiones. Es una mezcla de dolor y placer. Habla usted de un «sabor de miel y lágrimas». Curiosamente el primer mitólogo de la saudade, que fue el rey don Duarte, quedó impresionado por el uso de esa palabra, que luego emplearían autores como Almeida Garret. De todos modos pienso que es un sentimiento universal. ¿Pero es al mismo tiempo intelectual y popular? Popular, sí. Saudade de esto y de lo otro. ¿Serviría para entender el Portugal de hoy? ¿Sigue vigente? Es una expresión destilada en la educación de Portugal, y no solo en su identidad interna, sino también entre los portugueses que la llevaron consigo al emigrar. Primero a todo el mundo, pero últimamente para Europa. Así surgió una saudade que tiene menos razón de ser que en el pasado, porque la distancia es mucho menor. Irse ahora a Europa no es lo mismo que irse a la India en el siglo XVI. Pero es como si los portugueses no se pudieran desprender del signo que les representa en el mundo: el país da saudade. Escribió a cuenta del crítico Eduardo Régio que «la vida cultural vive de mitos» y que «lo peor es que no puede dejar de ser así». ¿Por qué? Un mito es la primera versión no conceptual de aquello que es fundamental. La humanidad primero mitifica, y luego intelectualiza aquello que es mito. Todo está en el mito. El hombre es un animal mitificador porque las primeras versiones de su lectura del mundo no son conceptuales, son imágenes, y las imágenes son el centro del mito y de la mitología. Mitología es cualquier cosa que no es de invención personal, sino colectiva. Creo que solo empezamos a darle importancia cultural a eso en el romanticismo. El romanticismo se ve a sí mismo como una aventura humana de mitos que sustituyen a otros mitos. Ha dicho que el ensayo no es una creación poética en el sentido tradicional del término, sino que es un discurso en segundo grado, un discurso sobre todas las manifestaciones creativas y todos los acontecimientos humanos. ¿Qué ha intentado hacer Eduardo Lourenço con el ensayo? El ensayo, tal como ha sido practicado durante todo este tiempo, desde la facultad, que es cuando escuché hablar por primera vez de ese género, gracias a un profesor que hablaba de Montaigne, y que escribió un libro titulado Ensayo sobre el ensayo, fue el profesor Silvio de Lima... En Coimbra... En Coimbra. Él era un gran ensayista. Tenía el valor de criticar una serie de valores que eran característicos de nuestra vivencia del Estado Novo. Fue el primero, junto al maestro Joaquim de Calvalho, en hablar con gran entusiasmo de Montaigne. El ensayo tiene una relativa facilidad. Montaigne se sirvió de todo, era una comprensión más universal de aquello que es más común y que se transforma, milagrosamente, en unas piezas que resultan un nuevo tipo de prosa. Es más una herencia de Sócrates que de Platón. Es una suerte de reconsideración de todo lo que puede ser interesante, de inducir a los hombres a reflexionar, a tomar conciencia de sí mismos. La humanidad es naturalmente ensayista. Y sí, seguramente se pueda pensar en Platón como en el primer ensayista, aunque en él se puede rastrear ya una voluntad de sistema, de comprensión universal. ¿Cuáles son sus maestros de pensar? «Hegel es la lectura que yo recomiendo a todo joven que quiera internarse en la filosofía»Uno de los que tuvo más influencia sobre mí cuando era estudiante fue Hegel. Cuando leí las primeras cosas de Hegel percibí que fue el primero en introducir una lectura universalizante de una experiencia radical. Todo en él es claro y luminoso, las cosas encajaban en su lectura del mundo. Es la lectura que yo recomiendo a todo aquel joven que quiera internarse en los estudios filosóficos. ¿Y sus maestros de estilo? ¿Ha tenido voluntad de estilo? No tengo conciencia de haber tenido una voluntad de estilo. Lo que yo quería de verdad era ser poeta, en el sentido más banal de la palabra. Pero lo que quizá acabé siendo es un ensayista, que es grandioso cuando se llama Montaigne, y resulta banal cuando se llama Lourenço. ¿Qué es un crítico y para qué sirve la crítica? «La crítica es siempre un diálogo con el autor, que por su parte es también un crítico»La crítica es siempre un diálogo con el autor, que por su parte es también un crítico. Nosotros no fuimos discípulos directos de Sócrates o de Platón, pero los autores que nos hacen reflexionar son nuestros maestros, que son muchos y variados. Siempre admiré a autores que son al mismo tiempo grandes pensadores y creadores poéticos. No en vano en el verdadero ensayo hay una poeticidad intrínseca. El propio Montaigne decía que él no era un filósofo. La filosofía es un género literario. En mi caso no sería más que un eco de un eco de las cosas que admiro. ¿Por qué fue Pessoa, a su juicio, el mejor crítico literario portugués del siglo XX? «Mario de Sá-Carneiro es un poeta portugués único, más genuinamente poeta que Pessoa»Ahora que soy viejo y llevo toda una vida ocupándome de Fernando Pessoa conviene acaso recordar la gran pasión arbitraria que él sentía por Mario de Sá-Carneiro, a quien todavía hoy considero un poeta portugués único. Un poeta que vive de fulgores que no tienen traducción. Como si estuviese creando la forma y la materia al mismo tiempo, con una poeticidad intrínseca todavía mayor que la del propio Fernando Pessoa. Fernando Pessoa es poeta de su propio quehacer poético. Su poesía es pensamiento y al mismo tiempo gran pensamiento, las dos cosas. Sá-Carneiro es más genuinamente poeta. Pero esa es la cualidad única de Fernando Pessoa, que es un pensador serio, más allá de la fascinación que nos susciten unos u otros poemas. De algún modo es un poeta de la propia función poética. Por eso es al mismo tiempo una poética. Pessoa decía de sí mismo que era un poeta con pasión filosófica, no un filósofo que escribía versos. Ha dedicado horas innumerables a leer, a pensar, a descifrar, a entender, a divulgar a Pessoa. Si tuviera que persuadir a alguien que todavía no se ha internado en el universo Pessoa ¿qué le diría para que no se perdiera y bebiera con aprovechamiento de sus fuentes más luminosas? «Pessoa es un bosque cerrado. Una especie de eterno retorno sobre sí mismo, un diálogo con nadie»Cuando era joven, Fernando Pessoa escribió un texto todavía bajo el influjo del simbolismo que se titulaba Floresta del aislamiento, que es una imagen un tanto romántica de un niño perdido en el bosque, a la manera de los cuentos de los Hermanos Grimm. Era el sentimiento que él tenía, la sensación de que la realidad es una selva. Al mismo tiempo, era una persona dotada de una capacidad de reflexión original. Pero es un poeta que no necesita glosa alguna, porque la glosa es algo interno a su propia poesía. Basta leerle para no necesitar ninguna interpretación. Estamos ante un bosque cerrado. La obra de Pessoa es una glosa continua. Él piensa sobre lo que está pensando en cada momento. Es una especie de eterno retorno sobre sí mismo, un diálogo con nadie. Él no dialogaba, vampirizaba a todo aquel que se le acercaba. Ya desde joven su megalomanía es un caso raro. De niño fue educado en inglés, recibió una buena educación, y conoce pronto los sonetos de Shakespeare, y dice que cuando los imita lo que se propone es mejorarlos. Es una megalomanía cercana a la locura. ¿Pero cómo se explica la aparición de Pessoa? Es como un cometa. «Fernando Pessoa es el mayor vampiro de nuestras letras»Nos viene de la cultura inglesa. Él se recicla. Cuando regresa de su infancia en Suráfrica, se recicla. Él siente que había perdido su infancia portuguesa, e intenta recuperarla. Perdida y ganada, porque en aquel tiempo en Portugal no hubiera podido tener la educación que recibió en Durban. No hay autor que él no absorba. Es el mayor vampiro de nuestras letras. ¿Son los heterónimos una de las más sofisticadas y elocuentes representaciones genealógicas y psicológicas de la escurridiza y nubosa alma portuguesa, si es que tal cosa existe en nuestro tiempo? Los heterónimos son una invención en un momento dado de su viaje de poeta y ensayista, pero en realidad ya en la infancia era un creador de heterónimos. Él mismo cuenta su genealogía, y dice que cuando era un chaval tenía un personaje principal, que era Chevalier de Pas, su primer seudónimo, y se escribía cartas de sí mismo a sí mismo. Esto es de un narcisismo increíble, absoluto. Todo lo que hizo durante toda su vida fue escribirse cartas a sí mismo. Como señaló Montaigne, cada uno de nosotros es toda la condición humana, y no es que él se tomara eso en serio sino que lo practicó en serio. Él es el mundo entero. Es al mismo tiempo el mayor narcisismo, y al mismo tiempo una fuente de sufrimiento. Megalomanía y soledad. Fernando Pessoa fue, y continúa siendo, objeto de glosas interminables. Y nunca se acabarán. Pero son todas pleonásticas, incluida la mía, naturalmente, empezando por ella. Sólo que yo me doy cuenta de ese pleonasmo. Porque no hay texto más clarividente sobre Pessoa que sus propios textos. Los críticos son vampiros de los autores, pero son necesarios. Se glosa por admiración, por compartir con los otros la pasión que uno siente por un autor, por un compositor, por un poeta. Pero los autores son autóctonos, auto-idólatras, sin quererlo. En ese sentido, la clarividencia de Pessoa sobre sí mismo es equivalenet a la de Kafka consigo mismo. Sí, son los dos ejemplos más extraordinarios que tenemos, un cierto autismo genial. ¿De qué heterónimo de Pessoa se siente más próximo dsede el punto de vista literario? ¿E ideológico? «Era el propio Álvaro de Campos el que hablaba de 'Un Oriente al oriente del Oriente'»Gracias al embajador de Portugal en México tuve la posibilidad de conocer a Octavio Paz en su casa, y allí hablamos de Pessoa, y Paz reconoció que el Pessoa que más apreciaba era el Pessoa ortónimo. Pero mi Pessoa favorito es Álvaro de Campos, porque todo lo que había de teorizante en él explota, y es un diálogo con Walt Whitman, que para él fue un verdadero choque, y para mí fue un gran descubrimiento cuando me di cuenta de eso, y le dediqué mi primer ensayo. En él hasta lo inconsciente es consciente. Me parece también muy importante resaltar que para sobrevivir tuvo que dedicarse a traducir, y entre sus traducciones dedicó un gran esfuerzo a traducir grandes obras del pensamiento de la India. Él tradujo muchas obras del mundo zen y budista, y su verdadera matriz es esa: «Emisario de um Rei desconhecido,/ Eu cumpro informes instruçoes de além,/ E as bruscas phrases que aos meus labios vem/ Soam-me a um outro e anomalo sentido...». Todo eso no es europeo, es algo que viene de Oriente. Creo que era el propio Álvaro de Campos el que hablaba de “Un Oriente al oriente del Oriente”, que es algo extraordinario y que es la situación de Portugal, un Oriente al oriente del Oriente. No estaba en la cabeza de nadie, es un pensamiento que tiene que ver con el orfismo y que no es nada fácil de tratar, porque precisa de un conocimiento muy profundo de esas doctrinas orientales, que antes no estaban al alcance de nadie. Hoy esos asuntos están empezando a ser tratados. Hoy mismo se acaba de publicar un ensayo de un budista, Paulo Borges, que supone una lectura de Pessoa a través de un budismo orgánico y trascendental que condiciona la creación de Pessoa, que me parece muy interesante, Dijo al Jornal de Letras que no hay nadie que nos lea, que debemos ser nosotros los lectores de nuestro propio misterio. Sin embargo, usted ha dedicado su vida a leer a Pessoa. ¿Por qué? ¿Cuál ha sido la recompensa? ¿O no es legítima la pregunta? Nada, que Pessoa en el otro mundo me lea a mí. Recordó en una ocasión que Pessoa escribió «vivir todo de todas las maneras», y que usted es apenas un pequeño aprendiz del mago que él fue. ¿Sería una buena forma de cifrar a Pessoa, como mago de la lengua y de la identidad? Sin duda. Fernando Pessoa es ahora una especie de texto universal enigmático, que sirve para todo y su contrario. Lo mejor es leer lo que allí está; él dice que se debe leer el propio texto y recibir el mensaje en el estado más inocente posible. Si no nunca saldremos de ese laberinto sin lectura, como una especie de sortilegio maléfico, en vez de ser luminosos como él es. ¿Cómo se ha leído a sí mismo Eduardo Lourenço? ¿Cómo se lee hoy? ¿Cómo me leo? sí, si es que se lee. Si es legible. No me leo porque tengo mucha dificultad en escribir, porque soy muy perezoso. Es increíble que diga eso. Porque para ser un gran perezoso no ha dejado de trabajar toda su vida. Es una paradoja. «Lo que yo hacía no es trabajo. Es otra manera de continuar soñando a cuenta del autor»Es que para mí no es trabajo. En realidad lo que yo hacía no es trabajo. Para mí es otra manera de continuar soñando por cuenta del autor. ¿Qué representa y representó el Jornal de Letras, Artes e Ideias en la cultura y la lengua portuguesa, en su espejo, en su consciencia? Es un periódico de apariencia modesta, pero que ha tenido una función única. Sin ese periódico una buena parte de lo que se publica en Portugal no tendría reconocimiento, y ha cumplido una labor fundamental en lo que se refiere a Brasil. Nuestros lazos con Brasil no son tan idílicos como, relativamente, son los de España con América Latina. Relativamente, usted lo ha dicho. Hay problemas, naturalmente. Porque se trata de un pasado complejo. Pero con Brasil es diferente. España es más grande que cualquiera de los países que colonizó, mientras que Brasil es un continente. Portugal no es visible ahí. Cuando en aquellos años el astronauta soviético contó lo que veía desde el espacio solo citó dos cosas: la muralla china y las luces de Río de Janeiro. Ahora las cosas están un poco mejor. ¿Está de acuerdo con la apreciación de Guilherme d'Oliveira Martins de que en uste encontramos una costilla de Miguel de Unamuno y su sentimiento trágico de la vida? «Quien sin duda lo leyó y leyó bien a Unamuno en Portugal fue Pessoa»A Unamuno le leí con frecuencia y le sigo considerando un autor formidable. Pero quien sin duda lo leyó y lo leyó bien fue Pessoa. Porque aquella evocación de un Cristo peninsular también se puede leer en Pessoa. El sentimiento trágico de la vida fue muy leído en Portugal. Hay también muchas coincidencias en los poemas del Guardador de rebaños, del heterónimo Alberto Caeiro, con Unamuno, de niño eterno. Pero piensa que es cierto lo que dice d'Oliveira Martins de que usted tiene que ver con ese sentimiento trágico unamuniano... De manera indirecta. En el orden cultural, de la creación poética propiamente dicha, ese encuentro con lo trágico expresa lo que yo recibí a través de Antero de Quental, que fue uno de los grandes referentes de Unamuno. Antero es el único portugués que figura en el ensayo de Unamuno. Fue el primer poeta que se refirió a la muerte de Dios antes de que esa idea nietzscheana se convirtiera en un cliché de nuestra cultura. De ahí la idea de que Portugal es un país de suicidas. En el XIX hubo varios autores, pero sus libros son realmente la expresión literaria del sentimiento trágico de la vida. ¿Y en qué medida le influyeron el cosmopolitismo y el europeísmo de Ortega y Gasset? Es un autor que siempre he leído con gusto, pero soy menos orteguiano que unamuniano. En Portugal se le sigue leyendo mucho, pero no fue el héroe cívico y cultural que sí fue Unamuno. ¿Qué habría que hacer para evitar que Europa se convierta en periférica e irrelevante? Ya lo es. No podemos hacer nada. Esta periferia fue durante siglos el centro del mundo. Y el primer país que salió de Europa fue precisamente este pequeño país. Portugal. «España y Portugal deberían celebran conjuntamente la primera circunnavegación del mundo»Portugal. No fue nada concertado. Este fue el primer país de Europa en aventurarse hasta la India. E ir a la India entonces era como ir a la Luna. No tenemos otra mitología que ese viaje de Vasco da Gama. Y el propio Pessoa no contradice eso, sino que lo sustituyó por una versión puramente onírica de ese viaje. Ya no hay viaje, ya no hay Indias. El de España es un caso más complejo Colón fue como Magallanes. Un genovés y un portugués. El aniversario de la primera circunnavegación del mundo deberíamos celebrarla conjuntamente Portugal y España. Nosotros pagamos nuestra fidelidad a un catolicismo tradicional que nos marcó durante siglos. Pero todo eso está en revisión permanente. Las cosas mudan. Y mudan desde el presente, que es un presente poco interesante, poco creativo, en comparación con lo que fue. Tenemos que hacer el luto positivo de esas glorias que nos precedieron. ¿Hasta qué punto es el trato a los inmigrantes y el mido al otro un test sobre la niebla, sobre la ceguera moral de Europa? «Europa es la América más próxima que el Tercer Mundo tiene para salir de sus miserias»Aquí en Portugal, felizmente, no tenemos ese problema. Somos un país de emigrantes. Otros países europeos no tienen ese pasado y pueden tener razones empíricas para mostrar ciertas reticencias cuando la llegada de inmigrantes desborda su capacidad de acogida. De cualquier forma, Europa fue tan dominadora durante tantos siglos que no tiene legitimidad moral para no ser, en la medida de lo posible, tierra de acogida. Es verdad que es un problema. Europa es la América más próxima que el Tercer Mundo tiene para salir de sus miserias y dificultades. Y los movimientos de masas forman parte de la historia. La historia humana es una historia de tragedias, con revisiones espectaculares. Eduardo Lourenço- Corina Arranz ¿Qué le parece la idea de una Federación Ibérica con capital en Lisboa? Esa era una cosa obvia si Felipe II se hubiera instalado en Lisboa. El problema estaba resuelto. Los portugueses perdían la independencia, pero ganaban un papel mundial en Europa. Pero no aconteció. Lo mejor es preservar las identidades no antagónicas en absoluto. En un texto que había permanecido inédito e inacabado desde la década de los 90 y que hace no mucho tiempo di a la luz el Jornal de Letras decía que en su teatro imaginario había encendido una vela a Avellaneda porque sin ese infeliz rival Cervantes nunca se hubiera animado a escribir la segunda parte del Quijote, y sobre todo en lo que suopne de la ficción tomando conciencia de sí mismo. ¿Podría «Hay que agradecer a Avellaneda que impulsara a Cervantes a escribir la segunda parte del Quijote»Este Avellaneda no cometió un crimen, pero sí un desafío inédito en los anales de la historia, al atreverse a escribir una segunda parte del Quijote, aunque el libro no tenía en aquel entonces el estatuto que ahora tiene, si bien su éxito fue fulgurante. Hay una crónica de un portugués desde el Valladolid de la época en la que cuenta el éxito del libro y cómo la gente lo leía y se reía en la calle de aquellas aventuras. Hay que agradecerle a Avellaneda su gesto, porque impulsó a Cervantes a escribir una segunda parte en la que los personajes toman conciencia de sí mismos y su peripecia sustituye a las novelas de caballerías y esa segunda ficción inaugura la novela moderna. Me parece extraordinario que ocurriese algo así. ¿Por qué don Quijote no podría ser portugués o, dicho de otra manera, cómo sería el Quijote portugués? «Un Quijote portugués sería pleonástico. Don Quijote es Portugal mismo»Un Quijote portugués es difícil. ¿Sabe por qué? Porque un Quijote portugués sería pleonástico. Don Quijote es Portugal mismo. ¿Acaso hay algo más quijotesco que la historia de este país minúsculo? ¡Qué locura absoluta, real, no fantasmática! Claro que el país no era consciente de esta locura. Sí, el único que fue consciente fue el propio Luís de Camões, porque su gloria es el contraste entre la pequeñez y el hecho, que es el que se vuelva reconocido en el mapa del mundo. Es un quijotismo de tipo ibérico, a compartir en todo caso con España, creado por la imaginación de un genio llamado Miguel de Cervantes. ¿Cómo describiría su propia caligrafía, a la que Annie, su mujer, dedico horas para poder descifrarla y transcribirla? «Mi caligrafía parece como si quisiera perderse en el horizonte. Es una metáfora de mi propia identidad»Cuando era joven, por imitación de mi padre, tenía una caligrafía de quien había estado en escuelas de comercio, siempre inalterable, de principio a fin. Yo intenté imitar aquella cosa que era inimitable. Pero tenía una letrita que era de alguna manera muy académica. Mi amigo el novelista Carlos de Oliveira decía que tenía caligrafía de amanuense. Y creo que empecé a deformarla para parecer más propiamente intelectual, menos amanuense. Pero lo cierto es que mi letra ha ido evolucionando de una caligrafía muy legible y muy visible a una letra cada vez más y más pequeña, como si quisiera desaparecer en el horizonte. Es una metáfora de mi propia identidad. ¿Cómo la recuerda y cómo la evoca? ¿Le duele o le agrada recordarla? La recuerdo todos los días. Es una cosa singular, porque estuve casado con ella y con una cultura de referencia de los ibéricos en general y de los portugueses en particular. Era una persona de una ética impecable. Era una mujer clara y transparente, en sus elecciones, en su manera de pensar y de ser. La verdad es que ahora soy solo un superviviente de mi querida Annie. Me gustaría que añadiera unas palabras a algunas figuras de la cultura portuguesa y universal a las que ha prestado alguna o mucha atención. Miguel Torga. Fue de algún modo sin querer casi la persona a quien yo debo la publicación de Heterodoxia. Yo ya estaba en el extranjero, y él, que había leído alguna cosa mía, me animó a publicar mi primer libro. De algún modo le debo a él el hecho de haber entado en esta vida futura, en aquel momento inimaginable, ni siquiera concebida, y de haber entrado en los círculos culturales del país del que soy hijo. Herberto Hélder. Lo conozco sobre todo como poeta, aunque también le traté personalmente. Tenía un café donde se reunía con la gente, aunque era un hombre muy solitario. Sin duda, un gran poeta. Agustina Bessa-Luís. «Agustina Bessa-Luís es la Reina Victoria de nuestras letras, la emperatriz de la India que ya no tenemos»La Reina Victoria de nuestras letras. La emperatriz de la India que ya no tenemos. Luís de Camões Luís de Camões es Luís de Camões, el Portugal en verso. Eça de Queiroz. Fue el ídolo de mi generación y de muchas generaciones, de un Portugal que quiere ser europeo. Tenía el complejo de haber sido marginalizado, y Eça va a ser Portugal en Europa, se va a medir con los grandes nombres de la cultura europea, como Flaubert. Curiosamente, y es un rasgo de nuestra representación peninsular en el siglo XIX, pasó de incógnito por París, y creo que por causa de Antero de Quental, que también pertenece a esa generación, líder juvenil de esa generación. Fue a París a visitar al gran ídolo de la época, Michelet, y le dio unos versos de un supuesto amigo, que en realidad era él mismo. Es algo extraordinario, ese complejo secular frente a aquella capital literaria por excelencia. Francia es literatura pura. Guimarães Rosa. «Guimarães Rosa es una especie de James Joyce de la literatura en lengua portuguesa»¡Ahhh! Es un caso, un caso extraordinario que no ha sido reconocido a nivel mundial por razones intrínsecas. Porque él mismo no es tampoco fácilmente legible por el brasileño común, porque la suya es una lengua muy trabajada y muy local. Es preciso hacer un gran esfuerzo para leerle. El Gran Sertão es un gran libro. Es un escándalo que no recibiera el Premio Nobel, pero sin duda la razón es la dificultad que plantea su traducción. Lo mismo que Joyce, pero Joyce ha acabado teniendo lectores y un espacio. Guimarães Rosa es una especie de Joyce de la literatura en lengua portuguesa. Eduardo Lourenço en el filme «O labirinto da saudade», de Miguel Gonçalves Mendes dedicado al escritor portugués Almada Negreiros. Ahora mismo estamos experimentando una especie de resurrección visible de su obra. Fue un modernista, la encarnación del desafío modernista a los clichés culturales de la época, más incluso que el propio Pessoa, que tuvo también su momento manifiesto. Pero el caso de Almada es admirable, porque es al mismo tiempo pintor, diseñador y un excelente novelista. Está de alguna manera siendo redescubierto de verdad. Yo le conocí en una conferencia. Cuando le vi en la primera fila le dije que él debería estar en la tarima y yo en el patio de butacas. Albert Camus. Fue una gran referencia de nuestra generación. Estaba el dilema entre él y Sartre, pero a Camus le sentíamos más cercano. Él era otra cosa, más nuestro, más peninsular. Acaso porque tenía raíces hispánicas. Y por otra parte estaba el componente ético tan fuerte, que el propio Sartre, tras aquella polémica tan desagradable, trató de enmendar después de su muerte. Al final, Sartre reconoció el estatus de un hombre ético en una época moderna, y sobre todo el valor de la libertad. Ahora ha habido una nueva reivindicación de su figura frente a Sartre. El escritor Michel Onfray, autor de una obra muy crítica sobre la figura de Freud, hace un furibundo ataque a Sartre al compararlo con Camus. Es un ejemplo de esas guerras de Troya de la cultura. Yo pensaba que en el mundo de la cultura todos era ángeles, pero son ángeles muy perversos. Dejo dicho que la heterodoxia era «el humilde propósito de no aceptar un solo camino por el simple hecho de que se presente a sí mismo como el único camino, ni de rechazar todos los demás porque no sabemos en absoluto cuál de ellos, en realidad, es el mejor». La frase me recuerda a un escritor y pensador español que admiro desde hace años, Rafael Sánchez Ferlosio, que en lo que él llama pecios dijo: «Lo malo de las soluciones es que aparecen cuando las necesitamos». ¿Cómo hay que hacer para no engañarse al pensar? Yo era muy joven en esa época, y por lo tanto de una inocencia casi culpable. Pero en mi generación había, en su conjunto, un sustrato fundamentalmente marxista. La dominante cultural era marxista, aunque probablemente la mayoría de ellos no habían leído a Marx. Pero Marx estaba en todas partes. Solo que hasta el 25 de abril era invisible, porque el régimen no lo toleraba. Tras el 25 de abril resulta que Lisboa estaba llena de Marx y de marxistas. De ahí el contencioso que yo libré con mi generación. Originariamente mi cultura era tradicional, clásica, católica, y por lo tanto tenía mi punto de vista contrastado con lo que planteaba la nueva utopía de raíces marxistas. Era una visión materialista de la historia, pero aunque no muy teorizada, a no ser, paradójicamente, por el propio Lenin. Por lo que a mí respecto, traté de establecer un diálogo con mi generación. Esa heterodoxia era una suerte de distancia de ajuste con nuestra religión tradicional, que es el catolicismo. Se trataba de una especie de aviso para navegantes en relación con los autoritarismos que regían bajo otro nombre tras el Muro de Berlín. Algo que mis camaradas de aquella época preferían ignorar. ¿Es la ortodoxia una forma de ortopedia? «Hay una propensión del hombre a la ortodoxia. Es aquello en lo que la gente cree»Exactamente. Hay varias. La frase más importante de ese texto era ese especie de profecía juvenil o infantil de una visión crítica, o autocrítica, de las cosas, que era la propensión natural del hombre a la ortodoxia. Es aquello en lo que la gente cree. ¿De alguna manera es una apelación a pensar por uno mismo? Sí, claro. ¿Y cómo se puede pensar mejor? A través del ejemplo de los otros, de aquellos que fueron nuestros maestros. La forma científica es la que no permite discusión, salvo la metodología para determinar si algo es cierto o falso. El pensamiento, por el contrario, es diálogo, en su esencia desde Platón, y aceptarlo no solo en relación al otro sino a uno mismo, que uno no es el señor de la verdad. En Heterodoxia decía que «el mundo de la cultura portuguesa arrastra desde hace cuatro siglos una existencia crespuscular». ¿Ha ocurrido algo desde que escribiera eso, hace si no calculo mal más de 70 años, que le hiciera cambiar de opinión? Sí, hoy es un poco diferente. Sin embargo creo que en este momento lo que estamos experimentando es el crepúsculo de las Luces como mito, y eso además a una escala planetaria que desborda nuestra gran tradición, que viene de Grecia. ¿Y Pessoa, la poesía, el «drama en gente»? Claro. Nuestro complejo no era solo nuestro. Aquel país grandioso llamado Rusia, que quería ser moderno, basculaba entre la inclinación hacia Occidente (Dostoyevski) y hacia Oriente (Tolstoi). Y fue Occidente el que quedó deslumbrado por esa nueva literatura que representaban los grandes autores rusos del XIX. Francia sigue siendo un jardín, pero el mundo ya no es solo Europa, ya no es el centro del mundo, sino el centro del mundo del pasado, y de un futuro que nosotros quisiéramos que todavía fuera. En el tramo final de su larga vida como pensador y escritor, y con la perspectiva de una vida plena, me gustaría que respondiera, con leves retoques, a las tres grandes preguntas que planteó Kant: ¿Qué supo? ¿Qué hizo? ¿Qué se permite esperar? Todo lo que sé lo que aprendí de los otros, del diálogo con los otros, que eran los maestros del pasado más próximo. Todo lo que sé, si es que sé alguna cosa, lo aprendí de ellos. Respecto a lo que hice, no gran cosa, sobre todo en relación a aquello que yo pensaba que podía hacer. Y es normal. No hay que olvidar que la mayor maldición del hombre es que se hagan realidad los sueños. ¿Y qué espera todavía? «Se puede decir que estoy en un estado póstumo a mí mismo»Nada en particular, nada en absoluta. Se puede decir que estoy en un estado póstumo a mí mismo. ¿Le da miedo la muerte? Miedos. Porque nosotros solo tenemos un remedio contra la muerte y está relacionado con aquellos que ya conocieron esa muerte, y que es para nosotros una especie de eternidad, aunque sea negativa. Por lo tanto, creo que la humanidad fue creada bajo los términos de que todo tiene su veneno y su solución. Y la muerte es una especie de solución final que todos poseemos para aquello que no somos capaces de imaginar. Porque la muerte es fundamentalmente algo inimaginable. ¿Dios es necesario para Eduardo Lourenço? «Somos hijos de una creación que no es nuestra. No nos hemos creado a nosotros mismos»La idea de Dios es absolutamente necesaria, pero será una gran pretensión imaginar que nosotros podemos evocar como una especie de cosa, aunque se trate de una cosa infinita. Nosotros somos hijos de una creación que no es nuestra. Y ese es el enigma fundamental al que nos enfrentamos, y que no tiene solución. Si esa creación tiene sentido la tiene por el hecho de haber sido creada. No nos hemos creado a nosotros mismos. Al inicio del primer volumen de sus Obras completas, que está publicando la Fundación Gulbenkian, se incluye una breve cita de Eduardo Lourenço: «Se cambia poco, pero la vida cambia por nosotros». Suena mejor en portugués: «Muda-se pouco, mais a vida muda por nós». ¿Sigue pensando lo mismo? Sí, claro, naturalmente. No podemos ni siquiera imaginar que somos fruto de la metamorfosis del tiempo y, creamos o no creamos, todos somos héroes de La metamorfosis de Kafka. No sabemos si somos ángeles o aquel ser repelente, el que un día, soñando, o deseando, o sintiendo, él pensaba que era. ¿Quién es Eduardo Lourenço? Soy varios. Mas como ese lugar de la variedad está ocupado por Pessoa, soy una nota a pie de página ante el poeta que iluminó mi vida.
  2. Norman Foster nació en Mánchester en 1935. Esta semana, un atentado terrorista en su ciudad natal ha matado a veintidós personas (por ahora) que acudían a un concierto en el Manchester Arena. Esta entrevista se celebró antes de este trágico suceso, por eso no pude preguntarle por el mismo, pero me habría gustado. Norman Foster, más que un arquitecto, o más allá de un arquitecto famoso y laureado con todos los laureles que en su gremio existen, es un individuo preocupado por la humanidad. Tiene trazas de sabio enjuto, exquisito en el trato y en el pensamiento. Serán sus ochenta y dos años, será que es un hombre hecho a sí mismo. Resultan más que conocidos y narrados sus orígenes humildes en entrevistas y biografías. Y puede que venga de aquí esa responsabilidad suya con el mundo que lo rodea. En un momento de la entrevista saca de su cartera un libro en inglés, cuyo autor y título no pude apuntar. Se trata de un ensayo sobre el cambio climático. Norman Foster está en Madrid, no sólo porque tiene que acometer uno de los proyectos más ambiciosos de su trayectoria, la remodelación del Salón de Reinos del Museo del Prado junto a Carlos Rubio, sino también porque está a punto de abrir las puertas de la Fundación que lleva su nombre, sita en un antiguo palacete de la calle Monte Esquinza. Lo ha reformado y formado a su imagen y semejanza: entre clásica y vanguardista. Sobre el patio de la entrada «colgará» una obra de Cristina Iglesias. En su interior, una señorial escalera une las luminosas plantas del edificio. Por el techo sobrevuela la maqueta de un avión. Foster ama la aviación. En huecos y vitrinas, maquetas y dibujos suyos. Aquí y allá, obras de artistas contemporáneos. En el patio acristalado del fondo, entre otras joyas dignas de un museo, el coche de Le Corbusier que Foster compró hace tiempo. Con esto, lo digo todo o casi todo sobre la sibarita forma de entender la vida de un arquitecto que nació en un barrio de Mánchester y que, pese a su edad, no duda en irse a montar en bicicleta a la Casa de Campo cuando se acaba la jornada. ¿Cómo valora este proyecto de la Fundación Norman Foster? ¿Como un punto y seguido en su trayectoria o como un punto y aparte; un alto en el camino, sentarse y reflexionar? Creo que todo esto es muy emocionante. Nos enfrentamos a poder comunicar a un público mucho más amplio, más joven, pero también a ser capaces de motivar. También todo este proyecto ha hecho que sea más consciente de los vínculos entre algunos problemas como, por ejemplo, la contaminación y el cambio climático que, si los analizamos a la escala de una ciudad grande, nos damos cuenta de que necesitamos de un tipo de pensamiento en el que es necesario unir distintas disciplinas. Este es un área que llevo estudiando desde hace quince años. Vayamos al origen: defina qué es para usted la arquitectura. Quizás vaya más allá de la arquitectura en sí, porque, si uno analiza una ciudad, tenemos la arquitectura de los edificios individuales, pero luego están las raíces de la ciudad: las plazas, los puentes, el transporte público, que son como el pegamento urbano que hace que todos estos edificios individuales estén unidos entre sí. La interacción entre las infraestructuras y los edificios: esa es la clave. «Vamos a poder comunicar a un público más amplio, más joven, pero también a ser capaces de motivar» ¿No le suena a un concepto de ciudad un tanto utópico, a estas alturas de la historia? Hay una serie de modelos muy tradicionales de urbe. Madrid, por ejemplo, es un ejemplo tradicional; Londres es otro ejemplo... Barcelona, París. Pero hemos visto desde principios del siglo XX un nuevo modo de entender la ciudad en el que durante muchos años esta se ha visto como un ámbito pensado para los coches. Hemos visto ciudades muy diferentes, que abarcaban grandes extensiones, con enormes carreteras y autopistas. Este modelo de ciudad ya está desactualizado, anticuado. Incluso en las economías emergentes se está intentando copiar, pero son modelos poco sostenibles. Ciudades como Madrid son mucho más humanas, más fáciles de asumir para las personas. ¿Madrid es una de las ciudades más habitables, según su criterio? ¿Cuál sería el caso contrario? Cuando las ciudades se amplían, empiezan a extenderse hacia lo que antes eran zonas de campo. Repetimos gran parte de los problemas de las ciudades, creando nuevas densidades urbanas y, nuevamente, dependemos del coche como única vía de conexión. Creo que cada vez somos más conscientes de estos problemas. ¿Entiendo que la sostenibilidad es una de sus grandes preocupaciones como individuo y como arquitecto? Intento crear edificios que estén conectados con la naturaleza, que consuman menos energía, y que sean básicamente más limpios, sobre todo en relación con el medio ambiente. «He traído hasta aquí un trozo del Muro de Berlín porque para mí es importante dentro de un diálogo visual» ¿Siempre ha tenido las cosas así de claras? ¿No se ha dejado tentar por la arquitectura espectáculo que tanto ha campado a sus anchas en los últimos años? Creo que los edificios que se encuentran en las últimas fases de preparación en mi estudio están muy enraizados en conceptos que ya estábamos trabajando en la década de 1970. Si uno analiza un aeropuerto como el de Stansted, en Londres, que rediseñamos totalmente, se aportó luz del sol, se redujo el consumo de energía y se convirtió en un espacio mucho más humano. Fue en sí una revolución. Cuando tienes la responsabilidad de reformar o crear espacios en grandes comunidades en los que puedes mostrar proyectos sostenibles, con un uso cero de energía, lo que planteas es la posibilidad de que se formulen preguntas sobre cómo se han hecho las cosas hasta el momento. Este proceso de reforma permite aprender del pasado. ¿No hay futuro sin respeto al pasado? Tenemos que aprender del pasado. En cierta manera, ya seas periodista, abogado o médico, todos estamos trabajando con el conocimiento que heredamos del pasado, y lo que hacemos es plantearnos preguntas y responder a los cambios. Vista interior de la nueva Fundación Foster en Madrid Tal y como habla de la arquitectura, tan pendiente del bienestar del hombre, me recuerda a la filosofía y sus eternos asuntos. ¿Un arquitecto es un poco un filósofo? Creo que siempre va a haber gente que plantée preguntas fundamentales sobre cuál es el papel del diseño, y luego habrá gente que considerará que el diseño, tanto en la arquitectura como en los propios artefactos, es algo mucho más similar a la moda. Y las modas son algo que no perdura. El ideal en cuanto al diseño tiene que ser un diseño que perdure en el tiempo, que pertenezca a su propio tiempo, y que además tenga la capacidad para ir más allá de su propio tiempo. Y quizás esa sea la mejor definición de un clásico: algo que años, décadas después, podemos volver a analizar y ver cómo habla y cómo reflexiona sobre aquellas cosas que pertenecieron a una época concreta, pero que perduraron más allá. «Ciudades como Madrid son mucho más humanas, más fáciles de asumir para las personas» Veo que en su mesa tiene una pequeña escultura de un cerebro, y que en la pared hay colgada un foto suya con Marina Abramovic en la que usted lleva un cerebro por sombrero. Me pregunto y le pregunto: ¿cómo funciona el cerebro de Norman Foster? ¿Cómo controla una mente que -observo- parece hiperactiva? La respuesta más sincera es que no tengo ni idea. Estoy buscando algo, que ahora mismo no sé dónde está. No puedo decirle exactamente cómo funciona mi cerebro, pero sí que siempre estoy intentando pensar cómo podemos hacer que algo complejo se comunique con nosotros de tal manera que deje de ser tan complejo y sea más fácil de entender. Si se trata de un edificio: ¿el edificio puede hablarnos? ¿Puede el edificio hacer que el contacto con la naturaleza, con la luz del sol, con las vistas que lo rodean y quizás, como decía antes, gran parte de estos elementos en los que ahora creemos, se puedan no solamente hacer realidad, sino demostrar su validez, su utilidad? Quizás se trata de pasar de un mundo que se puede medir a un mundo más intuitivo. Cada pregunta que le hago, usted la acompaña con un dibujo, aunque sea un sutil trazo. ¿El dibujo para Norman Foster es la esencia de todo? Tengo suerte. Para mí, dibujar es algo que sucede de forma natural. Es tan natural como escribir, por eso, si tengo cualquier libro, cualquier cuaderno, siempre se va a ver una mezcla de dibujo y de texto. Pero hay arquitectos en la Historia que han creado magníficos edificios y que dibujaban mucho mejor que yo, y luego hay otros que han construido unos edificios maravillosos pero que no tenían ningún tipo de habilidad para dibujar. A la hora de hacer las maquetas… Las maquetas también son muy importantes, porque si, por ejemplo, estoy dando una clase sobre diseño de edificios, necesito que mis alumnos creen las maquetas mucho antes que el dibujo. En una réplica en tres dimensiones no puedes engañarte a ti mismo, porque cuando dibujas haces que las cosas sean preciosas, incluso cuando no lo son. Pero cuando estás con el edificio real, la maqueta te avisa, no te engaña. La maqueta no miente. «Ya seas periodista, abogado o médico, todos trabajamos con el conocimiento que heredamos» Entiendo que Norman Foster no sabe trabajar sin colaborar con otras voces a su alrededor. Estoy mucho más cómodo en mi faceta de diseñador trabajando con otras personas. El crear un equipo con personas de distintas disciplinas es justo lo opuesto a la manera en que normalmente te enseñan a trabajar. Cuando te están formando para ser arquitecto, diseñas el edificio y luego das el proyecto a otras personas para que siga su proceso. Pero con ese enfoque pierdes muchas oportunidades porque hay una gran gama de opciones, porque siempre hay muchas más maneras de diseñar cualquier cosa. ¿Es por eso que muchas preguntas que le estoy haciendo usted no las responde en primera persona, sino en tercera persona del plural? Yo me siento seguro y más cómodo si al diseñar un edificio trabajo en la misma sala con una serie de personas con otras habilidades que, de un modo u otro, van a estar relacionadas con el edificio final. Y también es mucho más cómodo trabajar con gente más joven, porque lo más probable es que no tengan miedo a plantearme retos. El crear un entorno creativo también es en sí otro modo de diseñar. Si como diseñador tomas la decisión, de forma consciente, de ser capaz de hacer algo más, puedes diseñarte a ti mismo como persona. El reto que se plantea es crear ese entorno creativo que te permita multiplicar los esfuerzos que generas para aprovecharlos mejor. Es un acto de «diseño» consciente y voluntario. ¿Voy más allá si le defino como un hombre del Renacimiento, no sólo, o exclusivamente, como un arquitecto? Creo que es más fácil que alguien desde fuera opine. Creo que, como estudiante, siempre tuve interés por los espacios y las ciudades. Siempre sentí un gran interés por lo que podríamos decir que es la arquitectura sin los arquitectos. Me fascinaban los edificios humildes. Por ejemplo, las grandes naves agrícolas, las que se utilizan para la ganadería. Con el tiempo, he mantenido ese interés como diseñador de edificios individuales. No obstante, también me he vuelto mucho más consciente de la importancia de lo que es la imagen general, más amplia, en paralelo a aquello que nos permite ver todos los aspectos. He dedicado mucho tiempo al diseño de mobiliario. Eso me permite ir de una escala a otra y abarcarlas todas. «Siempre estoy pensando cómo hacer que algo complejo se comunique de manera natural» Habla de escalas. ¿Lo espectacular y el espectáculo ha hecho daño a la arquitectura? Quizás sea un mensaje muy importante para transmitir a las generaciones más jóvenes que todo tiene el mismo nivel de importancia. El diseño del mobiliario es tan importante como conseguir el edifico más alto. Mientras esperaba la hora en que me había citado para esta entrevista, estuve dando una vuelta a la manzana y vi que en el patio cerrado donde se va a exponer la obra de grandes artistas, hay también un trozo bien grande del Muro de Berlín. ¿Por qué lo ha traido hasta aquí? Parece un capricho que me he permitido a mí mismo, pero he traído este trozo del muro porque para mí es importante dentro de un diálogo visual. Mi trabajo para el Reichstag fue un proyecto muy importante para mí, y creo que, en gran medida, para un país y para una generación, en el que desempeñé, junto con mis compañeros en este trabajo, un papel más o menos relevante. Ese proyecto en sí fue muy simbólico, en un momento en el que las barreras y los muros se derribaban. Quizás el Muro de Berlín nos recuerde que hoy no deberíamos estar construyendo barreras, no deberíamos estar construyendo muros, sino que deberíamos derribar algunos más, que tendríamos que derribar muchas más barreras. Así que es un símbolo de la época en la que vivimos, es un recordatorio. Es un elemento nostálgico en mi caso. «Me apetece el proyecto de El Salón de Reinos porque me parece que es como cerrar un círculo en Madrid» Ha trabajado en infinidad de lugares, países, ciudades. ¿Le queda algún sitio donde le gustaría hacer un proyecto, dejar su huella como arquitecto? Creo que me gustaría ser parte de una iniciativa que pueda plantear soluciones a los problemas más importantes, por ejemplo, en los países emergentes. Hacer frente al uso de la tecnología para obtener energía limpia para aquellas zonas en las que, por ejemplo, hoy por hoy, no hay electricidad. Me gustaría ser parte de las soluciones para los grandes problemas. Pero, mientras tanto, la verdad es que, como arquitecto, soy como el perro de Pavlov: me ofreces un proyecto de diseño y no puedo resistirme. Por eso me apetece tanto el proyecto aquí en el Museo del Prado, me parece que es como cerrar un círculo en Madrid.
  3. Es absolutamente imposible, porque los editores de los periódicos, sus directores y sus redactores observan universalmente unos principios éticos y deontológicos elementales. Hay barbaridades que ni se permiten ni se plantean. Pero vamos a imaginar por un instante que los dos periódicos españoles más relevantes, ABC y «El País», de repente se vuelven locos y publican en sus webs un vídeo detallado sobre cómo fabricar bombas a mayor gloria del terrorismo islámico. Sé que lo que planteo suena ridículo, por impensable; pero, ¿qué ocurriría si lo hiciesen? Pues la justicia actuaría y los periódicos serían denunciados y condenados, con toda la razón. Además se armaría una inmensa polvareda. Esas cabeceras serían vituperadas en el gallinero de las redes sociales -y con lógica-, se propondrían boicots, ardería Troya entre los tertulianos y hasta nuestro moroso Gobierno anunciaría medidas para que no se pudiese repetir tal desafuero. Pues bien, esta semana, en pleno dolor por el atentado de Mánchester, donde un fanático islamista con un artefacto casero masacró a 22 personas, la mayoría jóvenes y niños, las admiradas y amables empresas Google y Facebook, segunda y sexta del planeta, mantenían en sus plataformas vídeos y textos detallados sobre cómo fabricar bombas caseras. «The Times» encontró en YouTube, cuyo dueño es Google, un vídeo de veinte minutos donde un yihadista instruye desde una cocina, como si se tratase de un inocuo programa culinario, sobre el modo de armar paso a paso un explosivo letal. Y es solo uno de muchos ejemplos. Ha pasado desapercibido, pero lo contó ayer ABC. Tras detener a dos marroquíes que comenzaban a prepararse para atentar en España, el juez Andreu explica en su auto que una de las causas que lo llevó a actuar es que visitaban foros pro yihadistas en Facebook: «En esas páginas se explicaban paso a paso cuáles eran los materiales y procedimientos que debían seguir para fabricar artefactos explosivos a partir de materiales usualmente localizables», relata el juez. Mientras la gente lloraba y encendía velas en las vigilas de Mánchester, la prensa inglesa encontró en la simpática red social un manual de once mil palabras para fabricar bombas, que enseña al detalle cómo hacer el máximo daño. Esta semana, Mark Zuckenberg, el fundador de Facebook, el primer editor del mundo (aunque no se reconoce como tal para no asumir responsabilidades), acudió a su antigua universidad, la reputada Harvard. Allí ofreció una lección magistral, aureolada por nobles principios. Zuckenberg, que empieza a gustarse como líder político, impartió moralina sobre el buen gobierno. Mientras él predica en Harvard, su empresa publica manuales de odio, sangre y muerte. Sigamos jugando al «me gusta» y a los amigos virtuales. Disfrutemos con el gran hermano. Regalemos hasta el tuétano de nuestras intimidades para llenar el bolsillo del bueno de Mark. En cuanto los gobiernos: ¿A qué esperan para actuar contra esta abominación? La apología del terrorismo islámico campando con barra libre por las empresas más importantes de Occidente. Qué disparate.
  4. «LA HISTORIA» Martín Caparrós. Anagrama. El 29 de mayo Martín Caparrós cumple 60 años. El escritor argentino se ha encontrado con el mejor regalo. Para él y para los lectores: la recuperación de su novela más ambiciosa. A modo de monumental crónica, radiografía una civilización imaginaria -sus costumbres, industria, formas de guerra...-, que es, naturalmente, la nuestra. «LA HABITACIÓN EN LLAMAS» Michael Connelly. Alianza/AdN. La novela policiaca tiene en Michael Connelly (Filadelfia, 1956) a uno de sus puntales. Confeso admirador de Raymond Chandler, nos ofrece una nueva entrega de la serie protagonizada por el detective Harry Bosch, que se enfrenta a un extraño caso en el que la víctima ha muerto una década después de cometido el crimen. «EL PERRO DE BEN» Humberto Pérez-Tomé Román. Sekotia. Segunda parte de la trilogía novelística-aunque puede leerse de manera independiente-, «Todos lo hicieron mal», que arrasó con la primera. Pérez-Tomé (Madrid, 1959) se ha propuesto narrar la adolescencia, juventud y madurez de una mujer, Jill, personaje central de la tríada, trazado con pericia. En «El perro de Ben» aborda su etapa juvenil donde Jill busca una quizá imposible felicidad. «CONNERLAND» Laura Fernández. Literatura Random House. Un día el escritor de ciencia-ficción Voss Van Conner se electrocuta con un secador de pelo. De pronto, se halla en lo que parece una nave espacial. ¿Ha muerto, se lo han llevado los extraterrestres? A un editor con pocos escrúpulos le da lo mismo si logra convertirlo en oro. Hilarante novela presidida por la sátira y la frescura, marca de la casa de Laura Fenández (Terrasa, 1981). «SIETE CUENTOS JAPONESES» Junichiro Tanizaki. Atalanta. La tensión entre el deslumbramiento por Occidente y por autores como Oscar Wilde o Poe y el apego a la tradición nipona marca la personalidad de Junichiro Tanizaki (Tokio, 1886-Yugawara, 1961). Ese choque se aprecia en esta acertada selección de relatos rebosantes de exquisita sensualidad y belleza. «LA VAGA AMBICIÓN» Antonio Ortuño. Páginas de Espuma. Con este volumen, formado por seis cuentos, el mexicano Antonio Ortuño (1975) se ha alzado con el V premio Ribera del Duero. Los relatos están unidos por su protagonista, el escritor cuarentón Arturo Murray y su lucha por mantenerse fiel a su vocación, incluso con su cuenta en números rojos. Sarcasmo y toques elegiacos en esta, pese a todo, feliz apuesta por la literatura. «LOS DÍAS DE LA PESTE» Edmundo Paz Soldán. Malpaso. Se ha saludado a Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) como una de las voces más creativas de las letras latinoamericanas. Esto se confirma en su última novela: una historia coral ambientada en La Casona, un microcosmo carcelario con no poco de simbólico. «EL METERÓLOGO» Olivier Rolin. Libros del Asteroide. Alekséi Feodósievich Vangengheim era el jefe del Servicio Meteorológico de la URSS. Y creía en la revolución. Pero esta pronto mostró su peor rostro, cobrándose millones de víctimas. Una de ellas este meterólogo acusado de traición por el estalinismo y recluido en un campo de trabajo. Rolin (Boulogne-Billancourt, 1947), en su día militante de extrema izquierda, reconstruye su aleccionadora historia. «LA MUJER QUE MIRA A LOS HOMBRES QUE MIRAN A LAS MUJERES» Siri Hustvedt. Seix Barral. El psicoánalisis, la ciencia, la filosofía, la literatura, el arte... se entrecruzan en esta colección de ensayos de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955). Asuntos como el suicidio o la memoria, y figuras como Louise Bourgeois, Susan Sontag, Almódovar o Kierkegaard son objeto de lúcidos análisis desde una perspectiva feminista -como tal se confiesa la propia Hustvedt-, desde un feminismo inteligente, que en ningún momento le pone anteojeras. «LA ERA DE LA POSVERDAD» Jordi Ibáñez Fanés (ed.) Calambur. Si usted quiere saber todo lo que nunca se atrevió a preguntar sobre la posverdad este es su libro. Jordi Ibáñez, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, ha reunido a pensadores, escritores, politólogos, historiadores y periodistas de la España de hoy -Manuel Arias Maldonado, Victoria Camps, Nora Catelli, Joaquín Estefanía, Jordi Gracia, Andreu Jaume, Valentí Puig, César Rendueles, Domingo Ródenas de Moya, Marta Sanz, Justo Serra, Joan Subirats y Remedios Zafra-, para que desentrañen, desde distintas posiciones, un concepto, que, más allá de haberse convertido en mediático, tantos aspectos implica. «1936 FRAUDE Y VIOLENCIA EN LAS ELECCIONES DEL FRENTE POPULAR». Manuel Álvarez Tardío /Roberto Villa García. Espasa. Era un secreto a voces, pero los historiadores Manuel Álvarez Tardío, especialista en la II República, y Roberto Villa García, sin miedo a la polémica, lo han puesto negro sobre blanco: un minucioso rastreo documental certifica que el Frente Popular no ganó los comicios de manera clara y limpia. «TORMENTA ROJA. LA REVOLUCIÓN RUSA 1917-1924». Carlos Canales/Miguel del Rey. Edaf. Este año ha sido pródigo en estudios sobre el asalto bolchevique al poder, al cumplirse un siglo, empezando por la aparición en español del monumental trabajo de Richard Pipes (Debate). Canales y Del Rey nos proponen un acercamiento con enfoque divulgativo y ameno, sin abdicar del rigor, a un momento decisivo que estremeció al mundo. «MISIVAS DEL TERROR» Izaskun Sáez de la Fuente. Marcial Pons. Un equipo interdisciplinar de la Universidad de Deusto, coordinado por la politóloga Izaskun Sáez de la Fuente, analiza la extorsión y la violencia ejercida por ETA contra el ámbito empresarial. El «impuesto revolucionario» afectó a miles de personas, que, como bien se subraya, fueron también víctimas de la barbarie etarra «EL TRIUNFO DEL ARTISTA» Tzvetan Todorov. Galaxia Gutenberg. El reciente fallecimiento de Todorov (Sofía, 1939-París, 2017) nos ha privado de uno de los intelectuales más brillantes, como se aprecia en este ensayo en el que estudia la revolución rusa y su impacto en varios creadores: Malévich, Bulgákov o Pasternak, entre otros. «EL "GUERNICA" RECOBRADO» Genoveva Tusell. Cátedra. Acaban de cumplirse 80 años del bombardeo de Guernica. Un excelente momento para adentrarnos en el célebre cuadro de Picasso que da cuenta de esa atrocidad. Y nada mejor que hacerlo a través de este trabajo de Genoveva Tusell, profesora de la UNED, donde examina exhaustivamente todos los avarates por los que pasó el lienzo. «APOROFOBIA. EL RECHAZO AL POBRE» Adela Cortina. Paidós. Adela Cortina (Valencia, 1947), catedrática de Ética y Filosofía Política, plantea en su último ensayo una de las mayores vergüenzas de nuestro mundo: la pobreza. Y expone herramientas para solucionarla. «NO HE SALIDO DE MI NOCHE» Annie Ernaux. Cabaret Voltaire. Resulta muy habitual que no queramos ni siquiera ver realidades dolorosas. Pero están ahí. Annie Ernaux (Lillebonne, Normandía, 1940) nos sumerge de lleno en una de ellas al relatar en este diario la enfermedad de Alzheimer de su madre. Un duro testimonio tan conmovedor como insoslayable. «POEMA» Rafael Argullol. Acantilado. A lo largo de tres años, Rafael Argullol (Barcelona, 1949) fue consignando los pensamientos, sensaciones y recuerdos de su vida y de lo que acontecía a su alrededor. El resultado es este espléndido diario, concebido a modo de extenso poema. «JUAN RULFO. BIOGRAFÍA NO AUTORIZADA» Reina Roffé. Fórcola. Al conmemorarse este año el primer centenario del nacimiento del autor de Pedro Páramo, Reina Roffé (Buenos Aires, 1951) desvela todas las claves de la compleja personalidad rulfiana. «TEATRO 2010-2015» Alberto Conejero. Antígona. Excelente edición, enriquecida con un prólogo de Sanchis Sinisterra, de varias piezas -incluida la exitosa «La piedra oscura»- de un dramaturgo que es ya más que una promesa de nuestra escena. «CÓMO ESCUCHAR JAZZ» Ted Gioia. Turner. ¿Qué distingue al jazz de Nueva Orleans del de Chicago? A esta y otras preguntas responde el músico, crítico y productor Ted Gioia en esta completa guía tanto para amantes del género como para quienes deseen iniciarse en su disfrute.
  5. El Gobierno de Rusia presume de homofobia a su manera. Este país, que cuya cantante fue vetada por Ucrania en el último Eurovisión, se presentó en la edición de 2003 de un festival icónico para la comunidad LGBT como gran favorito de las casas de apuestas gracias a las t.A.T.u., el dúo de mujeres que, ataviadas con uniforme colegial, se besaban en público y cuyas canciones versaban sobre su supuesta relación lésbica. Once años después, en pleno conflicto con Ucrania por Crimea y el EuroMaidán, Sochi albergaba los Juegos Olímpicos de Invierno y las t.A.T.u. volvieron a representar a su país ante el mundo entero, pese a que en junio de 2013 la Duma aprobó la ley contra la propaganda homosexual que condena la promoción de lo gay. Entre medias, Lena y Julia demostraron no ser lesbianas, sino que solo jugaban a serlo. Incluso una de ellas aseguró que no aceptaría tener un hijo gay puesto que «un hombre verdadero debe ser un hombre real». Para Julia, «Dios creó al hombre para la procreación, es la naturaleza». Luego Rusia tomó Crimea, congeló el conflicto en el este de Ucrania y ahora, en 2017, en una de sus repúblicas, Chechenia, están cazando homosexuales: los persiguen, los encierran en campos de concentración, los torturan y los asesinan, según denuncia a ABC la vicepresidenta de la comisión de DD.HH. del Parlamento Europeo. Más de un mes después de los primeros informes de una purga anti-gay, la semana pasada el presidente ruso Vladimir Putin finalmente aprobó una investigación al respecto. En Chechenia rechazan vehementemente no sólo la tortura denunciada de gais, sino la propia existencia de estos hombres. «No hay homosexuales en Chechenia. No se puede detener y perseguir a los que no existen», dijo Alvi Karimov, portavoz del líder checheno Ramzan Kadirov, a la agencia de noticias Interfax después del primer reportaje del diario Novaya Gazeta sobre la desaparición de homosexuales. Tema tabú en la Chechenia conservadora, la comunidad gay estaba acostumbrada a llevar una doble vida: casarse, tener hijos y esconder su sexualidad incluso de sus familiares más cercanos. La activista LGBT rusa Svetlana Zahariova dice en un reportaje de la cadena norteamericana PRI que es muy difícil obtener información de la región, la más represiva de Rusia, pero pese a este vacío informativo varias víctimas y testigos han relatado a medios occidentales los abusos y violaciones del régimen checheno. La denuncia internacional llegó hace unas semanas a Sochi, donde Merkel recriminó a Putin en una rueda de prensa conjunta los abusos contra homosexuales: «Recibimos informaciones muy negativas sobre lo que sucede con los homosexuales en Chechenia y le pedí a Putin que ejerza su influencia para asegurar los derechos de las minorías». Ramzan Kadirov preside como un emir esta república rusa, donde se impone la sharia y la violencia lo inunda todo como símbolo de la masculinidad del líder, que reivindica su «islam moderado» frente al yihadismo de las guerrillas. Kadirov ha creado una especie de policía que se encarga de velar porque el comportamiento sea el adecuadoEn Rusia se asocian las crisis recientes tras el desplome de la URSS e incluso las guerras chechenas a una crisis de la masculinidad, según un reportaje de New Eastern Europe, y ahora machos alfa como Kadirov o Putin han recuperado los valores de una Rusia fuerte y patriarcal. La cultura de la masculinidad que implica fuerza y liderazgo es muy importante tanto en Rusia como especialmente en el norte del Cáucaso. «Tanto Putin como Kadirov hablan de ello y saben cómo rentabilizarlo en política comenta a ABC Maxim A. Suchkov, profesor asociado a la Universidad de Pyatigorsk State, situada a tan solo 280 km de Grozni, la capital chechena con una de las mezquitas más grandes del mundo. «Kadirov ha creado una especie de policía que se encarga de velar porque el comportamiento -desde los bailes hasta la vestimenta- en las bodas sea el adecuado, ha permitido de facto la poligamia frente a las leyes rusas y, ahora, se permite negar la persecución de homosexuales porque argumenta que en Chechenia, directamente, no existen: esto iría en contra del islam», afirma el autor de «La yihad en Rusia», Adrián Tarín. «Soy fuerte para proteger a quien obedezca» Las imágenes estereotipadas de la masculinidad tradicional fuerte y heroica inundan los medios de comunicación y la cultura popular rusa con fotografías de Putin montando a caballo a pecho descubierto, desfiles militares post soviéticos con un derroche disciplinario de sus soldados. Más que poses configuran un discurso político muy importante en la política y parecen claves para entender la Rusia de Putin. Kadirov trata de emularle en su república islámica. En su Instagram señala a sus enemigos, se fotografía con el presidente ruso, presume de tres hijos luchadores de artes marciales mixtas (MMA) en la televisión y posa marcial con su larga barba. El culto a la violencia lo acompaña de la defensa a ultranza del sufismo -según él tradicional de la región- frente al wahabismo. «Kadirov es un Putin checheno: su obsesión es el control, cortar de raíz cualquier reivindicación de pluralismo o diversidad, porque lo ve como algo decadente y corrosivo. El mensaje es: soy fuerte para proteger a quien me obedezca y despiadado con quien me desafía. Usa el miedo como forma de control social», explica a este periódico la Vicepresidenta de la Subcomisión de DD.HH. del Parlamento Europeo, Beatriz Becerra. Kadirov y los suyosEl colapso de la Unión Soviética en 1991 marcó el comienzo de un período en el que un discurso de victimización de la llamada masculinidad fallida impregnaba la sociedad, según el reportaje de News Eastern Europe. Ese discurso se sustentó en el aumento del desempleo de la tasa de mortalidad y desempleo de la población masculina. La investigadora Alexandra Novitskaya expone que la identidad nacional de la Rusia actual se encuentra mediada por una serie de valores como el patriotismo, la construcción de un estado fuerte, y el paternalismo patriarcal, asociados al discurso hipermasculino de Putin. El director del Centro de Estudios de Rusia, Andrew Foxall, ve en las fotografías oficiales de Putin -expone Tarín- los lazos existentes entre la identidad nacional rusa y los valores masculinos. «La existencia de una “militarización de la masculinidad” que casa perfectamente con el nacionalismo». María, de 26 años, lleva tres en España. Procedente de una ciudad siberiana, estudió en Moscú y ahora en Madrid continúa su carrera en las finanzas. «La sociedad rusa sigue siendo bastante conservadora y tradicional,en la que hombres y mujeres tienen sus propios roles: las niñas son futuras madres y los chicos son los que alimentan a la familia. Una muchacha debe aspirar a verse hermosa, mientras que un chico tiene que ser varonil y fuerte», asegura, antes de comparar la situación de las mujeres en España, donde «son más activas en la lucha por sus derechos». Aunque la televisión -dice- continúa con esos clichés, estos estereotipos están cambiando rápidamente en las grandes ciudades. «Las parejas ya no se casan tan pronto como antes y ya no es tan habitual tener hijos a los veinte años». En #Chechnya100 se está larvando un genocidio contra la comunidad #LGBTI. Asesinatos, tortura, campos de concentración... pic.twitter.com/UWNJYwmQ5r— Beatriz Becerra (@beatrizbecerrab) 16 de mayo de 2017Los países del «bloque soviético» siguen sacudiéndose los viejos tics heredados de los regímenes totalitarios comunistas, controlados por «camarillas masculinas y envejecidas», según comenta Beatriz Becerra.Los derechos de las minorías y de las mujeres entraron en la agenda política occidental en los años 60. Así y todo, hace un par de meses el eurodiputado polaco Korwin-Mikke se hizo famoso por afirmar en la Eurocámara que las mujeres son inferiores a los hombres. «Fue lamentable que los medios de comunicación dedicaran sus mejores y mayores espacios a este individuo en un debate sobre la brecha salarial, una realidad que nos debe avergonzar como europeos. Como le dije en el pleno, a mí también me cuesta aceptar que él y yo seamos iguales, que recibamos el mismo salario, que los ciudadanos europeos dediquen los mismos impuestos a pagarle a él y a mí, y que nuestro voto respectivo tenga el mismo valor... pero éstas son las reglas de la democracia representativa». La vicepresidenta de la Subcomisión de DDHH del Parlamento Europeo se ha movilizado también en las últimas semanas para denunciar la caza de los homosexuales en Rusia. —¿Por qué a Kadirov le interesaría promover estos «pogromos» anti gay? —Le hace aparecer como un líder fuerte, tradicional, que mantendrá la supuesta pureza de su sociedad sin que le cree un problema con el Kremlin. El gobierno de Putin es también homófobo, así que en eso no van a chocar. Si fuera la caza al ruso o al cristiano tendría un problema. Kadirov le sirve a Putin para apaciguar cualquier ánimo de secesión —concluye Becerra.
  6. El sacerdote y periodista Manuel Bru acaba de presentar su nuevo libro, «Diez cosas que el Papa Francisco propone a los periodistas». La publicación, editada por Publicaciones Claretianas, forma parte de una colección en el que se recoge de una manera ágil y breve el magisterio del Santo Padre sobre temas muy concretos como la familia, la ecología, el sacerdocio... Para el también delegado de Catequesis de la Archidióceis de Madrid, este libro es «una síntesis de la propuesta esperanzadora del Papa Francisco a todos los periodistas». Su presentación estos días coincide con la celebración de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. -Juan Pablo II y Benedicto XVI se han preocupado por la labor de los medios de comunicación, ¿podemos decir que ese interés es mayor en el Papa Francisco? -Yo no me atrevería a decir que es mayor porque todos los papas contemporáneos han tomado conciencia, cada uno en el momento que les ha tocado vivir, del desarrollo de las comunicaciones. Creo que el Papa Francisco sí aporta un cierto giro, al centrarse más en la dimensión humanística de la comunicación. No renuncia a dar un mensaje ético de la comunicación, la infoética, de la que tanto habló Benedicto XVI, pero prefiere detenerse en temas más de fondo. -¿Cuáles son esos temas de fondo? -Se trata de las preguntas fundamentales de la comunicación. Para qué comunicar, qué es noticia y qué relación establecen los medios de comunicación y los comunicadores con la realidad social y personal del mundo en el que vivimos. Yo creo que ahí está la novedad de Francisco. Es curioso porque contrasta con el mensaje que muchas veces se da de que Francisco no es un papa sabio como Benedicto XVI o con un Pontificado tan hondo como el de Juan Pablo II. El pontificado de Francisco, siendo muy comunicativo, conciso y directo es igual o más hondo que el de sus antecesores. La hondura filosófica de su magisterio también se manifiesta en sus mensajes sobre la comunicación social. Ningún Papa, por ejemplo, había insistido tanto en la vinculación que hay entre la comunicación social y los trascendentales del ser, como son la verdad, la bondad y la belleza. Esa visión, donde lo estético forma parte de lo ético y forma parte también de la relación con la verdad de los hechos, es un mensaje muy hondo y muy novedoso. -El Papa Francisco, ¿es crítico con la labor de los medios de comunicación? -Es crítico pero creo que es suave en las formas porque lo que plantea es una visión mucho más propositiva sin esconder una visión de fondo. Lo que pasa es que a diferencia de sus antecesores ha puesto el acento en otras cosas, como el colonialismo cultural del que ya había hablado Juan Pablo II o los temas sociales relacionados con la comunicación. Por ejemplo, qué parte de responsabilidad tiene el mundo de los medios de comunicación con un mundo en el cual aunque haya un desarrollo económico hay cada vez una separación mayor entre pobres y ricos. Este es un tema que ya había tratado sobre todo Juan Pablo II pero en Francisco es evidente. Son críticas muy serias pero la manera de plantearlas no es en clave de confrontación sino en una clave de proposición. -¿Qué es la «comunicación de proximidad» de la que tanto habla el Santo Padre? -La comunicación de proximidad tiene que ver con su propia impronta teológica. Tiene que mucho que ver con los principios de la Teología del Pueblo. Es parte de una visión muy sociológica que hace una crítica a las desigualdades sociales en la clave exclusión e inclusión. No se basa tanto en la distinción entre opresores y oprimidos que es más típica del lenguaje marxista y más propio de la Teología de la Liberación. La Teología del Pueblo abraza y reconoce también la opresión porque no deja de ser una exclusión pero es mucho más integradora de la complejidad de las relaciones sociales. Aquí se trata de si existen sectores sociales, grupos o personas excluidas o se busca más bien la integración. La integración tiene como mecanismo la proximidad. La gran labor de la comunicación social a favor de la integración es la proximidad, en contacto con la realidad de la gente. El único modo de poder contar la realidad es vivir y estar inmersos en la realidad. No el periodismo de despacho. La proximidad siempre favorecerá la integración frente a la exclusión. Todo lo que tenga que ver con estar próximo a la realidad, buscando que esa realidad se integre en la sociedad ya se está haciendo un periodismo comprometido y solidario. -En cuatro años de Pontificado, Francisco se ha referido a los medios de comunicación en un centenar de mensajes y discursos, ¿pero cómo es la relación del Papa con los medios de comunicación? -Yo creo que los trata con mucho respeto, con naturalidad. Todos los papas han ido ganando en naturalidad con respecto a los medios de comunicación, pero este mucho más. No hace falta más que ver las conversaciones en los aviones con los periodistas. Creo que ha ganado en transparencia. Eso no quiere decir que todavia puede haber muchas limitaciones pero creo que ha ganado en transparencia. Todavía queda mucho recorrido pero yo creo que se está avanzando mucho. -Una información subrayaba estos días lo permisivas que son algunas redes sociales como Facebook con contenidos que hacen apología de la violencia o que se saltan las leyes contra el honor, ¿cree que hace falta un magisterio sobre estos nuevos medios que también se han convertido en editores de contenido? -Tiene que seguir desarrollándose. El magisterio de la Iglesia está haciéndose, está en ciernes. El tema de las redes sociales lo afrontó de forma muy clara Benedicto XVI. El Papa Francisco está haciendo una valoración global, pero todavía no ha hecho una valoración más detenida. Desde el punto de vista global, su reflexión es muy acertada y tiene que ver esa visión ambigua --no en sentido negativo sino necesariamente ambigua-- que plantean las redes sociales. Por un lado se plantean que las posiblidades que abren son inmensamente positivas, pero por otro se advierten que los peligros también pueden ser enormes. El Papa sigue insisitendo en esa idea pero hay nuevas situaciones que todavía nose ha afrontado.
  7. -Me veo obligada a preguntarle en qué piso vivía mientras era director de Tráfico... -En el piso de la DGT en la calle Beatriz de Bobadilla de Madrid. -¿Qué le pareció la polémica por el «piso» de Gregorio Serrano? -No hay caso. -¿Y qué pensó cuando Serrano se excusó en que era un funcionario de tipo A, cuyas dietas iban destinadas a costear un hotel mientras le daban alojamiento? -Si estás sobreexpuesto, siempre hay alguna cosa por la que puedes tener un punto de debilidad. Estamos obligados a ayudar al director de Tráfico, porque si le va bien a él, a todos nos va bien. Quedé sorprendido cuando había un «gran» conflicto creado porque quería vivir en un piso de la administración: algo no ha estado bien gestionado. -¿Se solidariza con Serrano porque es objeto de muchos dardos? -No debería, es una política de Estado. Nos equivocaríamos si lo metemos en medio de la refriega política. También es verdad que todo el mundo tiene que ayudar, también el responsable de Tráfico. -¿Cuál es, entonces, el mayor enemigo de la DGT? -La velocidad. -Y estos conflictos de CNAE, de examinadores en huelga ¿Hay alguien que tiene como objetivo desarbolar la Dirección General? -Es verdad que hay grupos de intereses. Es como una obra de teatro, en el que cada uno tiene su papel. Pero esa obra debe tener sentido. En mi época, los problemas no me los creaban los grupos de intereses, cuento con ellos, los tenía en mi Gobierno: en el Ministerio de Administraciones Públicas, Hacienda, Fomento... -¿Salió harto del vaivén político? -Sí. -¿No volvería a la política? -La experiencia es interesante y, si eres un servidor público y tienes resultados tangibles, es muy agradecido, pero también tiene un coste personal y familiar muy elevado.
  8. Testigo del ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca contra el viento y la marea del establishment, Manuel Erice desentraña las claves del actual presidente de Estados Unidos. Con la pasión y rigor que demuestra a diario en las páginas de ABC, y con la ayuda de la politóloga Muni Jensen, disecciona en «Trump. El triunfo del showman» (Ediciones Encuentro) a un personaje al que persigue el «pecado original» de sus conexiones rusas y envuelto en una «guerra a muerte» con los medios. Tras más de cuatro meses, ¿qué queda del Trump candidato? ¿El ejercicicio del poder ha domado a la fiera? La ha domado, pero queda mucho del Trump candidato, por ejemplo su indisciplina como político. Esa es en gran medida la causa de que esté ante un problema muy serio y puede llevarle al impeachment. Tiene un pecado original de campaña: apoyarse y presumir de su conexión con Rusia. ¿Rusia puede ser su tumba política? Sí, puede ser su tumba política. Alimentó el discurso a favor de Putin para atraer al votante que quería recuperar esa América potente y un líder fuerte frente a un Obama blando. Se apoyó en la figura de Putin, con la imagen de ser el hombre más fuerte del mundo, como mostró en Siria. Desde luego, conexiones ha habido, como la del ex asesor de seguridad Michael Flynn, al que Trump defendió a capa y espada. Está por demostrar qué hubo exactamente. ¿Sin Rusia habría llegado al poder? Es imposible saberlo, porque ganó por muy poco. En el libro se cuentan diez claves y tan importante como esa es el apoyo mayoritario de las mujeres blancas o de los puritanos, algo impensable al salir el famoso vídeo en que presumía de sus andanzas sexuales. Tengo dudas de que su victoria se debiera solo a Rusia. Define a Trump como «populista de marca americana». ¿Qué tiene en común con Pablo Iglesias, Beppe Grillo o Marine Le Pen, por ejemplo? Es un personaje típicamente americano. Cito el ejemplo de Clint Eastwood en «Harry el sucio»: va de tipo de duro que come hamburguesas y en las primarias se presentó con la hija de John Wayne. ¿Qué tiene de populista? Ofrecer soluciones simples a problemas complejos: esto va a ser así, lo solucionaré y será lo mejor. Pero, como se ha visto con el Obamacare o el disparate del muro de México, no va a poder realizar sus proyectos de bandera, sencillamente porque eran imposibles. Se jactaba de ser gran negociador. ¿Está cumpliendo esas expectativas? Es un negociante que, desde que construía con su padre, se ha dedicado a trapichear. Lo intentó con el ex director del FBI, al que, según denuncia éste, pidió no investigar a Michael Flynn. Cualquier político sabe que eso es gravísimo, pero él tiene la mentalidad de que todo vale y, aunque esté en la Casa Blanca, aún no se ha puesto el traje de político. ¿No le ha dado tiempo de saber qué significa ser presidente? El ejemplo más claro es forzar al fiscal general adjunto a justificar el cese del director del FBI, para soltar luego en televisión que fue por «esa cosa rusa». Se ha metido en un lío del que no sé si será capaz de salir. Es un tipo listo, pero como presidente hay que ser además inteligente y rodearse de un gran equipo, y el suyo en la Casa Blanca es demasiado inexperto. ¿Los republicanos le acabarán abandonando o resistirán a su lado? Su relación con los republicanos, a los que venció y humilló, es clave. Para abrir un impeachment, tiene que apoyarlo un determinado número de republicanos. Si Trump intenta aplacar ese asunto, cerrarían filas, pero si sigue echando leña a un fuego que los está quemando y si salen pruebas contundentes, a ver qué pasa... Por ahora están aprovechando que tienen al presidente en la Casa Blanca y un poder que no tenían en décadas. Si los demócratas toman el Senado en 2018, en las elecciones de mitad de mandato, llegaría el gran problema para Trump. Sería la venganza del establishment, en el que aún hay ánimo de revancha. ¿Están los demócratas en condiciones de levantar cabeza? Están muy mal, pero podría ocurrir el vuelco, porque los republicanos se están abrasando políticamente y la imagen de Trump sigue cayendo. Trump ha concluido su primer viaje internacional. ¿Está con los que ven en él un peligro para el mundo? No creo que lo sea. El que afirme eso, o no conoce EE.UU. y las limitaciones del presidente, o es un anti Trump furibundo. Su política exterior no está siendo una locura. Ahí sí se ha rodeado de gente competente, como el secretario de Defensa, James Mattis, y el secretario de Estado, Rex Tillerson. Que esté más a favor de Israel que Obama es lógico en un republicano; su andanada contra Bashar Al Assad en Siria ha sido uno de sus éxitos, y en Corea del Norte, el peligro no es él, sino el presidente norcoreano… Es infantil pensar que va a apretar el botón sin más. Veo una política exterior continuista, con aspectos que mejoran respecto a Obama. Los medios, en especial la televisión, «engordaron al monstruo», señala el libro. ¿Era posible renunciar a la tentación de darle cancha? El presidente de la CBS reconoció que Trump no era bueno para EE.UU., pero sí para su cadena. Aparecía las 24 horas por una sola frase. Obama advirtió que el periodismo no es solo poner la alcachofa, y la crítica tenía sentido. Y cuando la prensa «seria» reaccionó, cometió excesos por lo contrario, intentando frenar al monstruo y que no ganara, y dejando incluso de cotejar bien la información. Aún hay una guerra a muerte de esa prensa ilustrada de la Costa Este contra Trump, que no creo que contribuya a recobrar el prestigio. En esta era de «postverdad» y «fake news» (noticias falsas), ¿el buen periodismo es más necesario que nunca? Sin duda. Facebook, Google o Twitter han sido canales «neutros» que recogían mentiras, «fake news» y, según la Inteligencia estadounidense, campañas rusas para desestabilizar países. Esa selva digital contribuye a que una noticia falsa se convierta en verdad. Hay muchos ejemplos. Como corresponsal en la Casa Blanca, ¿percibe trato hostil a la prensa? No solo no es hostil, sino que ahora es más abierta con los periodistas. Es cierto que Trump amenazó con retirar las ruedas de prensa, pero incluso los periodistas de los medios más enfrentados a él reconocen que el trato es más abierto. Usted sostiene que Trump no es de izquierdas ni de derechas. ¿Qué le mueve? Es muy ambicioso y tiene un exagerado afán de protagonismo. En todos los mítines presumía de tener allí a todas las cámaras. Su personalidad necesita el culto permanente. Llevaba intentando presentarse a presidente desde los 80, primero con un partido independiente, luego fue donante del Partido Demócrata y finalmente se dio cuenta de que el Republicano casaba más con él. Hay que reconocer que se fija metas y las consigue.
  9. Cuentan que cuando visitaban el edificio del viejo cuartel general de la OTAN los primeros militares soviéticos, invitados en un gesto de distensión en plena Guerra Fría, se produjo una situación inesperada. Cuando los anfitriones occidentales les enseñaban las distintas dependencias y las zonas del edificio, uno de los generales rusos les replicó: «No sé por qué nos dice todo eso, nosotros ya lo sabemos perfectamente». Durante medio siglo, la sede política de la OTAN ha permanecido en unas instalaciones teóricamente provisionales. En 1967 la organización tenía su sede en París, pero el gesto de Francia de retirarse de la estructura militar obligó a un traslado a toda prisa a Bruselas, para ocupar un edificio que debía haber sido un hospital. Jans Stoltemberg, el actual secretario general de la organización, afirma que el nuevo edificio es «una sede del Siglo XXI» que expresará la voluntad de la Alianza Atlántica de seguir siendo una organización clave para la estabilidad del mundo. El problema es que el proyecto ha encontrado más obstáculos de los esperados y la factura ha aumentado considerablemente. La coletilla del presidente norteamericano Donald Trump en la ceremonia formal de la entrega del edificio por parte de las autoridades belgas –«no quieran saber lo que ha costado»– tiene su origen en el hecho de que se presupuestó en 410 millones de euros y al final ha costado 1.120 (hasta ahora) y aún no se ha terminado. Cada país ha pagado la parte correspondiente a su participación en la alianza, es decir Estados Unidos ha tenido la factura más grande, mientras que a España le ha correspondido alrededor del 5%. Lo que más ha hecho subir el coste del edificiohan sido las crecientes reglamentaciones de seguridadEl terreno es un antiguo aeródromo militar ocupado dos veces por Alemania. Cuando empezaron los trabajos en 2010 aparecieron varias bombas sin explotar de la Segunda Guerra Mundial. Pero no han sido esos los únicos imprevistos: lo que más ha hecho subir el coste del edificio han sido las crecientes reglamentaciones de seguridad, que han ido aumentando a medida que la amenaza terrorista se sofisticaba. Los últimos preparativos se centran precisamente en ultimar una instalación blindada para mantener a salvo y al mismo tiempo aisladas, las redes propias de la Alianza, sus enlaces con el cuartel general aliado en Mons (Bélgica), donde están las instalaciones propiamente militares, y las distintas bases especializadas repartidas por Europa, además de las de las 28 delegaciones de los países miembros (serán 29 la semana que viene con el ingreso de Montenegro) y las que utilizan los países asociados que tienen sus propias oficinas en un anexo, Rusia entre ellos. Así que lo que vieron Trump y los demás jefes de delegación fue poco más o menos una «aldea Potemkin», un decorado vistoso, tras el que hay todavía un largo trabajo por hacer. De los 1.500 miembros de las delegaciones nacionales más los 1.700 militares y personal civil de la OTAN, junto a otros 800 trabajadores de las agencias de la organización que está previsto que se trasladen al nuevo edificio, por ahora solo hay unos 300 funcionarios, esencialmente encargados de preparar el traslado. Oficialmente la organización promete que a finales de este año se habrá completado la mudanza. Pero a la vista de los retrasos que se han producido hasta ahora, nadie lo dice con plena certeza. En cuanto al coste, es cierto que se ha disparado. Pero también lo es que la OTAN ha jugado un papel esencial en la estabilidad de Europa, sobre todo para los países que vivieron la guerra fría bajo el yugo de las dictaduras comunistas y que ahora son también aliados. Por los beneficios que ha proporcionado la Alianza, 1120 millones de euros no parece mucho dinero.
  10. El sátiro político británico John Oliver bromeaba en su último programa en la televisión estadounidense con que en la era Trump «cuatro días equivalen a 150 años», ante la avalancha sin precedente de noticias, filtraciones y escándalos. Esa es la sensación que también deja la recién concluida gira internacional de Donald Trump, la primera de su mandato, nueve días de viaje que han dado para mucho y que se han agriado en su recta final. El comienzo en Oriente Próximo fue más simbólico y ceremonial, pero ha acabado con tensiones en Bruselas y Sicilia con temas candentes como la OTAN y el cambio climático. Arabia Saudí: Trump fue recibido con pompa en Riad, donde incluso se prestó a bailar, con cierta incomodidad, en ceremonias tradicionales. Tenía motivos para celebrar: selló un acuerdo para la venta de 110.000 millones de dólares en armamento a Arabia Saudí y se colocó como un dique en el freno a Irán en la región. En su discurso ante líderes islámicos, dejó de lado el discurso buenista de sus antecesores y exigió su implicación para la derrota del «islamismo extremista». Israel y Palestina: La parada de Trump en Tierra Santa tuvo más de simbólica que de sustancial. Se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en rezar en el Muro de las Lamentaciones y visitó Belén de la mano de Mahmud Abás, el presidente de Palestina. Pero no ofreció pistas sobre su cacareado plan para conseguir la paz entre israelíes y palestinos. Con todo, la imagen más repetida fue el manotazo que le dio su mujer, Melania, en un acto oficial. El Vaticano: El balance de su visita al Papa Francisco I fue positivo, sobre todo por las fricciones entre ambos durante las elecciones presidenciales. Su estancia en el Vaticano, repleta de gestos y buenas palabras por parte de Trump, fue una de las más placenteras de la gira: «Ha sido el honor de toda una vida», dijo tras su encuentro con el Sumo Pontífice. La visita sirvió también para que Melania Trump revelara que es católica -Trump es presbiteriano-, algo que no se conocía. Bruselas: Con su llegada a Bruselas, el tono de la gira cambió. Trump optó por un tono duro en su reunión con los líderes de la OTAN, a quienes abroncó con su exigencia de mayores contribuciones a la alianza militar. El talante agresivo del presidente de EE.UU. se materializó en un empujón a su homólogo de Montenegro -repetido hasta el infinito en las redes sociales- para colocarse en la primera fila de una foto de familia. Sicilia: El cierre de la gira en la reunión del G7 en Sicilia mantuvo el tono tenso de Bruselas. Trump no ofreció compromisos sobre el Acuerdo de París ni sobre un cambio de su política comercial proteccionista. Y dejó frases para la historia: «Los alemanes son malos, muy malos», dijo para quejarse sobre su pujante exportación de coches al mercado estadounidense.
Consejería de Educación - JUNTA DE EXTREMADURA
Soporte Centros